Escritos

ESCRITOS

Artículos periodísticos sobre las políticas impulsadas para cambiar la vida de muchas personas.

Hay historias que se deben conocer para entender. No las que circulan en los grandes medios, sino las que ocurren en las veredas, en los barrios, en las montañas, sabanas y ríos. Especial sobre el legado del Ministerio de Igualdad y Equidad.

Viceministerio de las Mujeres

Mujeres: empoderamiento y autonomía para cerrar brechas

El pasado 27 de mayo, 100 mujeres Nasa pertenecientes al Consejo Regional Indígena del Cauca, CRIC, agrupadas en 35 iniciativas económicas, recibieron maquinaria, insumos y adecuaciones para sus proyectos productivos colectivos de economías propias que buscan promover su autonomía y empoderamiento.

Para Isabel Mestizo, recibir estos insumos va más allá de lo material, significa tener esperanza, cumplir sueños y trabajar por el sustento de sus hijos. Además, piensa en el futuro y en la sostenibilidad de su iniciativa, ya que el proyecto tiene un componente formativo y de acompañamiento técnico, fortalecimiento empresarial y organizativo, todo ello encaminado a consolidar la autonomía económica de las mujeres.

Esa autonomía económica no está lejos del principio Nasa del Wët wët fxi´zenxi o buen vivir, ya que sus iniciativas productivas se han construido con base en su cosmovisión, teniendo en cuenta lo espiritual y comunitario, tratando de mantener ese equilibrio y armonía entre quienes habitan el territorio.

El proyecto con los insumos y las capacitaciones llegó como parte de las alianzas con organizaciones étnicas, comunitarias y formas asociativas de mujeres que el Ministerio de la Igualdad y Equidad materializa a través de convenios de cooperación, en una apuesta por  condiciones de igualdad y equidad en la garantía de derechos de las mujeres en todas sus diversidades. 

“Se fortalecen sus economías populares, y más allá de la formación, se les fortalece en esa capacidad de sostener, de mejorar su producción de ingresos, pero también sobre cómo entender su liderazgo en su comunidad, en el país y potenciar su dignidad como mujeres y generarles conciencia sobre las violencias basadas en género”, señaló Tamara Ospina Posse, viceministra de las Mujeres, sobre este programa.

La viceministra recuerda que este proyecto y otras acciones nacen, principalmente, desde la Dirección para la Autonomía Económica de las Mujeres, donde se trabaja para darle respuesta a la feminización de la pobreza que es muy fuerte , en el país y en América Latina, donde a las mujeres les toca la peor parte, “porque cuando una mujer está en una situación de pobreza, de extrema pobreza o de miseria, el acceso a todos los demás derechos se ve truncado”; en cambio, como lo afirma Milena Serrano, gestora social de Valledupar, cuando una mujer tiene autonomía económica, “se le garantiza autoestima, dignidad y es un escudo para que ninguna persona quiera venir a denigrarla y violentarla”.

Empoderamiento vs desigualdad

Las acciones lideradas desde el Ministerio de la Igualdad y Equidad a favor de 14 poblaciones de especial protección constitucional, no sólo se amparan en una política de Estado, sino en las realidades que vive cada una de estas poblaciones en el país.

En el caso específico de las mujeres, al revisar la Encuesta Nacional de Calidad de Vida (ECV) de la DIAN (2024) sobre la brecha de desigualdad que hay entre hombres y mujeres, pese a las luchas por lograr autonomía y empoderamiento, los pocos avances aún no eliminan del todo esos rezagos de las desigualdades entre hombres y mujeres.

De acuerdo con el informe ‘Ser mujer, madre y sostén del hogar en Colombia: una ecuación desigual’, publicado por la Fundación WWB Colombia, al analizar el rol de jefatura femenina en los hogares no sólo se visibiliza el cambio de estructura, sino que se evidencian las múltiples desigualdades que enfrentan las mujeres en el país. 

“Este rol se cruza con factores que demandan una mayor inversión de tiempo, ingresos y esfuerzo en la provisión de cuidados, lo que intensifica su situación de vulnerabilidad económica y dependencia. Estas condiciones se agravan al considerar las capas de la interseccionalidad: la edad, la discapacidad, la pertenencia étnica o el territorio, son factores que, al superponerse, profundizan las barreras para construir un proyecto de vida autónomo, digno y sostenible, más allá del ámbito doméstico”, señala el informe.

Asimismo, menciona que esos cambios en la estructura se han acelerado en los últimos años, y que, aunque cada vez hay más hogares liderados por mujeres; “este cambio, impulsado en parte por las dinámicas sociales y económicas post pandemia, redefine el panorama familiar del país y plantea nuevos desafíos para las políticas públicas, el sistema de cuidados y el desarrollo social. No obstante, lejos de representar un signo de autonomía plena, este giro revela una dimensión crítica de desigualdad estructural. Las mujeres que lideran hogares enfrentan condiciones significativamente más exigentes que sus pares masculinos, marcadas por la monoparentalidad, la escasa corresponsabilidad y la presencia de personas dependientes”.

Es claro que ese liderazgo no implica mayores beneficios para las mujeres, ya que uno de los aspectos más críticos de los hogares con jefatura femenina es la insuficiencia de ingresos. “El 65% de las jefas de hogar indígenas y el 59% de las afrodescendientes declaran que sus recursos no alcanzan para cubrir las necesidades básicas. Esta precariedad restringe su autonomía y refuerza la percepción de pobreza: el 74% de las mujeres indígenas y el 68% de las afrodescendientes jefas de hogar se consideran en situación de pobreza”.

Respecto a estas cifras, la viceministra Ospina indica que “todas las otras desigualdades o presiones estructurales, como el racismo, las mismas violencias basadas en género se exacerban cuando hay situaciones de pobreza o de miseria, por lo que para cerrar las brechas de género debe haber un absoluto acceso a los derechos y una participación masiva”.

Para ella no solo es importante combatir el empobrecimiento, sino garantizar condiciones de vida digna, que la autonomía económica no solo sea el hecho de producir sino de administrar los recursos que el hogar genera. “Que no siga pasando que las mujeres salen a trabajar, llegan a la casa y hay un señor que está ahí y que les quita el ingreso que ellas produjeron para gastárselos en cualquier cosa”, agrega Ospina.

De ahí que, el trabajo que se ha venido haciendo desde el Viceministerio de las Mujeres es importante en aras de cerrar esas brechas, porque no solo se recibe el apoyo para que los ingresos aumenten, “sino que también se les apoya para que ellas puedan ir fortaleciéndose también, de manera que su independencia, su autonomía, también produzca unos frutos y logren también romper muchas veces ciclos de violencias basadas en género”, dice la viceministra.  

La realidad descrita coincide con las experiencias de mujeres de distintos territorios del país. Naires del Carmen Arias, lideresa indígena, asegura que la discriminación continúa siendo una barrera cotidiana. «Actualmente hay mucha desigualdad de género y familiar, y las mujeres indígenas seguimos enfrentando discriminación».

Por su parte, Yesmina Carrillo, otra de las mujeres que participa en programas del Minigualdad, considera que, aunque se han logrado avances, persisten comportamientos que impiden una igualdad real. «La igualdad todavía no se concreta totalmente en la práctica debido a las actitudes machistas».

Estas desigualdades que viven día a día las mujeres se evidencian también en el acceso a la educación, la participación política y el desarrollo económico. Para Ospina, la sobrecarga de los trabajos de cuidado sigue siendo uno de los principales factores que limita el ejercicio pleno de los derechos de las mujeres.

«Existe una gran desigualdad por el tema de los cuidados. Esto implica una doble carga y a veces, si la mujer es lideresa, entonces son triples», explica. Según la funcionaria, esa situación afecta las posibilidades de formación, liderazgo y autonomía económica de millones de colombianas.

Ser mujer, ser madre cabeza de familia y ser indígena

María Collazos es una mujer Nasa del resguardo de Huellas, Caloto y es madre cabeza de familia. Para ella ser mujer indígena en un departamento como el Cauca es difícil, porque aún hay desigualdad entre hombres y mujeres, especialmente en la distribución de las tareas de cuidado y en algunas labores comunitarias.

“En estos territorios no hay igualdad de género, a veces no nos dan la importancia que tenemos, pero nosotras poco a poco con los talleres que hemos tenido, pues hemos podido minimizar un poco entonces hemos podido seguir trabajando tanto las mujeres como los hombres en diferentes cargos, especialmente en lo político – organizativo dentro de las comunidades y los resguardos”, agrega María. 

Isabel Mestizo también es una mujer indígena de este mismo municipio, para ella la igualdad es un valor que se genera mediante el trabajo en equipo, en familia, con la comunidad y el territorio.

Ambas son beneficiarias del proyecto de fortalecimiento de café, una iniciativa apoyada por el viceministerio de las Mujeres, que beneficia la economía familiar y comunitaria, y que además ha tenido en cuenta a las y los jóvenes para desarrollar sus capacidades laborales. 

“Me entregaron 800 palos de café y nos ofrecieron el acompañamiento técnico y estamos a la espera de la dotación de insumos. Para mí significa poder mejorar mi calidad de vida, salir adelante y poder generar un sustento para mi familia” agrega María.

De esta manera, ellas y otras mujeres en el territorio nacional han sido protagonistas de estos proyectos que buscan disminuir la desigualdad económica, que entre otras consecuencias, termina profundizando otras formas de exclusión. «Si uno quiere realmente cerrar brechas de género, hay que invertir muchísimo en combatir el empobrecimiento de las mujeres», agrega la viceministra Tamara Ospina.

Un Ministerio en riesgo de no quedarse

Mientras Isabel espera la próxima cosecha de café y María continúa participando en espacios organizativos de su resguardo, el futuro de los programas que hoy respaldan sus iniciativas es incierto. A finales de junio se definirá la continuidad del Ministerio de la Igualdad y Equidad, una decisión que podría impactar cientos de proyectos en los territorios.

Desde programas tecnológicos para la prevención y atención de las violencias contra las mujeres, como el Sistema Nacional de atención, registro, seguimiento y monitoreo de las violencias basadas en género (SALVIA), hasta la atención en la línea 155 y los procesos de formación a funcionarios en prevención y atención de violencias contra las mujeres; o la continuidad de las “Casas para la dignidad de las mujeres», que suma más de 30 espacios en el país; se ven en riesgo por la decisión que la corte Constitucional pueda tomar el próximo 20 de junio.

“El representante Hernán Darío Cadavid, del Centro Democrático, lanzó fuertes críticas contra la gestión presupuestal del ministerio y citó ocho hallazgos advertidos por la Contraloría General relacionados con deficiencias contables, baja ejecución, problemas contractuales y fallas de supervisión. Según afirmó, la ejecución efectiva de la cartera apenas alcanzaría el 4,9 %, situación que, en su criterio, impide seguir aprobando el proyecto “a toda velocidad” sin resolver antes las observaciones de los organismos de control”, señala un portal de noticias.

Sin embargo, sus detractores parecen olvidar los logros con los planes y programas de esta cartera nacional. 

“En esta Casa para la dignidad de las mujeres en Valledupar he podido fortalecer mis habilidades y cualidades. Me encanta los proyectos y talleres que hacen aquí en la Casa, y pues me han ayudado bastante académicamente”, señaló Michel Ferrer, mujer participante del programa. 

A lo que agrega, Isabel Mestizo “este Ministerio ha generado cambios en los territorios, en las familias en temas de igualdad. Yo estoy agradecida y espero sacarle buen provecho y hacer de mi proyecto de café un proyecto sostenible”.

Además de esas entregas materiales y en insumos, también hay documentos importantes que han sostenido la labor del Ministerio, como lo es el Plan Nacional de acción de mujeres paz y seguridad (Resolución 1325 del año 2000 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas), el cual tuvo en cuenta las voces e ideas de más de 1500 mujeres y que se estima dure 10 años. 

De igual forma, como parte de esa apuesta por el empoderamiento y la participación social y política, y como se mencionó al inicio de este documento, organizaciones como el CRIC en el Cauca se han fortalecido en liderazgo y con proyectos de dotación. 

Por otro lado, si de por sí ya es un hito que exista la Dirección para las mujeres en actividades sexuales pagas, los pequeños grandes avances en esta dirección consisten en implementar dos líneas de trabajo: Alternativas de vida: fortalece las economías populares de estas mujeres creando unidades productivas colectivas, y busca fortalecer su asociatividad y liderazgos. Y el Componente de empleabilidad: Contratación directa de mujeres de diferentes modalidades de trabajo sexual para que pasen por un proceso de formación en el Ministerio (abordaje y prevención de violencias basadas en género y por prejuicio) y luego trabajen en los territorios como «educadoras pares» con otras mujeres en prevención de violencias, pedagogía sobre derechos y rutas de atención, y transformación cultural con dueños de establecimientos. 

Se espera la contratación de un proyecto para construir una línea base para políticas públicas con ellas como protagonistas, fortalecer sus organizaciones y generar productos de transformación cultural.

Asimismo, otro hito para el estado colombiano que deja este gobierno en temas de atención y respuesta a las necesidades de las poblaciones de especial protección, es que hay una Dirección para las madres cabeza de familia, es decir que a estas mujeres se les reconoce como sujeto político, fortaleciendo sus economías populares, entregando activos productivos y brindando acompañamiento técnico para mejorar su producción de ingresos, fortalecer su liderazgo, dignidad y conciencia sobre las violencias. Es una ruta integral en implementación en muchas partes del país. Esto en el marco de que los hogares colombianos, más del 52% son de una mujer cabeza de familia, que está levantando las familias, los hogares, tanto para los ingresos y el sostenimiento, como también el tema de los cuidados, y entonces muchas de ellas están en una situación de pobreza a causa de toda esa desigualdad estructural.

De hecho, en marzo del presente año se convocó a esta población a postularse a la convocatoria “Las jefas de hogar sostienen la economía popular”, para fortalecer las capacidades productivas y las oportunidades de empleo de 2.800 mujeres cabeza de familia en trece ciudades del país, una iniciativa más para apoyar la economía popular, sosteniendo hogares, impulsando pequeños negocios y dinamizando las economías locales.

Y aunque María e Isabel están lejos de las discusiones administrativas y legislativas sobre lo que pueda pasar con la continuidad o cierre del Ministerio de la Igualdad y Equidad, ellas y los proyectos de los que son beneficiarias son un ejemplo real de que detrás de cada programa hay proyectos de vida, familias y comunidades que buscan romper ciclos históricos de pobreza y desigualdad.